Mujeres con los pantalones bien puestos

 
No era el diablo quien vestía Prada, sino la enigmática Naomi Campbell, que llevaba un traje a cuadros, de la colección primavera-verano 1992, año en el que mi mamá daba a luz en la Clínica la Asunción de Barranquilla. 26 años más tarde, me siento orgullosa de ser hija de la década en la que el grunge y el traje mujeril convivieron gracias a la moda. De haber nacido en los días cuando una de las tendencias emblemáticas del feminismo causaba furor en las pasarelas y las voces desgarradoras de Kurt Cobain y Eddie Vedder  se escuchaban en la radio.
 
La historiadora y escritora de moda cartagenera, Vanessa Rosales, revela que el traje ha sido por excelencia el fundamento del esquema sartorial masculino a partir del siglo XVIII. A través de este, los hombres fueron catapultados a la modernidad, casi 200 años que nosotras las mujeres, y desde entonces hemos sido nosotras las que hemos escarbado en el armario masculino, entendiendo que este está fundamentado por el traje. Rosales, señala que el tuxedo, es una prenda que representa autoposición, modernismo y funcionalidad. Es una pieza que curiosamente va al cuerpo y tiene algo erótico y sexy, pero siempre le ha permitido al hombre una versatilidad en sus acciones y sus experiencias. “Yo siempre he dicho que el traje permite que un hombre se case, esté en un desayuno, en una reunión, incluso lo entierran con él puesto. En la medida que la vestimenta femenina se ha masculinizado a través del tiempo, no sólo lo ha hecho estéticamente, sino que el traje en la vida femenina representa esa modernización, esa posibilidad de las mujeres de vestirse con control de sí mismas y con funcionalidad”.
 
La primera mujer en escandalizar a las masas por usar un esmoquin, fue la actriz alemana Marlene Dietrich, en su aparición en pantalla grande, en el filme El ángel azul, en 1930. Sin embargo no fue hasta 1966, cuando la siguiente gran aparición del tuxedo marcó un precedente en el vestuario de las mujeres, bajo el trazo siempre afilado, de Yves Saint Laurent. Desde entonces se ha convertido en una de las tendencias emblemáticas del feminismo, que reaparece década tras década en distintas versiones, perpetuándose como un símbolo de empoderamiento y dominio femenino.
 
Regresando a la actualidad y a nuestro contexto geográfico, abrazado por la cálida arena barranquillera, son las maestras, editoras de moda e influenciadoras digitales, quienes nos enseñan cómo llevar esta tendencia.

Macla

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